OM TARE TUTARE TURE SOHA

jueves, 1 de marzo de 2007

Vida absurda

El principio de una tarde de verano calurosa, demasiado, que mejor que estar acostado en la cama pasando la calorina con la ventana abierta y la brisa del mar bañando tu cuerpo desnudo ¿algo mejor?, si, parece ser que si, estar pillando algo de heroína en los alrededores de la iglesia del siglo XVII de este coqueto pueblecito de marineros en la costa gallega. El camello conocido de otros años, padre de familia, vecino del pueblo con vivienda familiar en el mismo. Llamada de teléfono, quedo con él, salimos al encuentro, después del apretón de manos rápidamente pasamos a la transacción
“¿Cuántas quieres?”
“Mmm!, déjame pensar, a ver, dame cuatro”,“toma 50 euros”
“anda, coño, no tengo cambio”
“¡joder!”
“espera, yo tengo en casa, vamos y allí te cambio”
“bueno, vale, vamos”
Su casa a cuatro pasos de donde estábamos. Todo esto ocurría a pleno sol en esos alrededores solitarios de la iglesia ni siquiera en la terraza del bar había gente ¡con este calor!. Confiados y a sabiendas de estar en terreno conocido y controlado, ninguno en su sano juicio pensaría en ser cazados por la policía sereta antidrogas. Cierto que últimamente estaba pasando más a menudo, redadas y casos de pilladas con las manos en la masa, el pueblo con su club náutico y sus regatas internacionales con el príncipe navegando por aquí, hacía ya tiempo que estábamos muy oprimidos, ¿pero esa tarde?, no, esa tarde hacia calor y el patio estaba solitario.
¡No!, no era así, dos cándidas palomas eran cazadas por el halcón acechante. En un momento, rápido como una centella, salido de la nada, aparecido mágicamente, alguien, un tío joven con polo lacoste, pelo corto y bien afeitado se encara y suelta;
“a ver ¿qué estáis haciendo? Pasando droga ¿no?”, “separaros, ¡chist! Quédate ahí”
La mayúscula sorpresa proporcionó un latigazo eléctrico que recorrió en un instante toda mi altura desde los píes hasta la coronilla y un rubor en la cara. El pensamiento haciendo gala de la defensa a ultranza del “yo” me dijo, me dio a pensar “es una broma, este tío es amigo del camello y nos está gastando una broma”. pobre pensamiento siempre queriéndose librar de la cruda realidad. No, era cierto, un secreta nos había pillado con las manos en la masa y ahora venia el rechinar de dientes y el trágame tierra y el pensar a la velocidad de la luz y el temblor de piernas. Ahora venía lo bueno. Varias horas en el cuartelillo de la Guardia Civil, interrogatorio, miedo, preocupación, crispación. La suerte de que no me había dado el camello aún la heroína por lo tanto yo no tenía nada de droga solo el dinero, Gracias a eso solo pasé unas cuatro horas en el cuartelillo y nada más. El camello con toda la heroína a pesar de que juro y perjuro que era para consumo propio se quedo detenido. Tremendo marronazo se comió.

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Yendo a Asturias a la altura de Oviedo en mi coche por la noche al tomar la desviación para meterme en las carreteras secundarias que me llevarían a esa Asturias profunda que me estaba esperando, me equivoqué. Yendo por la autopista pasado Oviedo ya me dije “por aquí no es”. Dentro del coche en el asiento delantero vacío de personas y lleno de papel de plata con restos de un chino que venia fumándome desde Madrid, mezclado con base de coca hacia que me mantuviera despierto, mucho no quedaba pero todavía había para un rato. Todo desorden, papel de plata por aquí el chino por allí otro poco de papel de plata con algo de heroína en mi cartera donde guardo los carnés y tarjetas de crédito, todo desorden. Algo me dijo, una sensación, “guarda todo esto y tira lo que no sirva” podría haber pensado “¿por qué?” pero no lo hice e hice caso a esa repentina sensación.
Un cartel de gasolinera a 100 metros, reduzco velocidad, entro, paro, voy a la tienda y pregunto por la dirección a donde iba. Muy amable me lo dice, subo al coche, salgo de la gasolinera, avanzo 300 metros y una nueva desviación con cambio de sentido, mi camino, me meto en una zona industrial vacía, desierta, son las 11 o las 12 de la noche, ¿Quién va a haber? Nadie se ve, hay una rotonda entro en ella y …..
Alguien en medio de la carretera con una luz alargada en la mano, amarilla, hace señales, me fijo, ¿Quién coño…? La guardia civil, el segundo estaba algo más allá. Miro al asiento delantero, veo restos de papel de plata los tiro como puedo, me da tiempo para echar otra ojeada alrededor y para ponerme algo nervioso. Y me da por pensar “bah ni siquiera me harán bajar del coche, tranquilo Jody”. Sigo las señales, las hago caso y paro en el arcén, delante del coche de la guardia civil, no salgo abro la ventana, le miro, trato de poner cara de inocente de panoli de gilipollas
“hola”
Saludando con la mano en la sien, me dice
“buenas noches, documentación del coche, permiso de circulación de usted”
“si, espere, ¿pasa algo?” “¿he cometido alguna infracción?”
Tarda en contestar y sin mirarme, dice
“no, es rutina, nada más” “su permiso de circulación y ¿puede bajarse del coche?”
Esa poca tranquilidad que tenía desaparece de golpe y empieza a subir la sensación conocida eléctrica que recorre todo mi cuerpo, el rubor, el calor. Pero aún aumentaría más, mucho más, aún faltaba por llegar la puntilla. Cuando mi mente se petrifica, cuando me quedo perplejo, cuando se me abre la boca como a los bobos de pueblo, cuando se me nota como empiezan a temblar mis piernas, cuando directamente me cago en los pantalones es cuando oigo decirle como contestación a una pregunta mía lo siguiente
“agente, ¿pasa algo?, ¿ha habido algún accidente?¿he cometido alguna infracción?”
Más serio que antes, contestando con cierta incomodidad
“no, solo es rutina, un control antidrogas”
Me bajo del coche ya definitivamente preocupado, por una equivocación de carreteras, por pasar un desvío sin cogerlo, puedo tener más de un problema, la puedo cagar, ¡qué se yo lo que puede pasar! Empiezo a hacer un recorrido mental de donde tengo el papel de plata, que es lo que tengo en los bolsillos, etc. Y empieza el teatro representado unas cuantas veces ya;
“¡ponga todo lo que lleva en los bolsillos aquí!”, “quitese la cazadora“, “levante los brazos” “¿qué es esto?” “¿para qué lleva esto?” “¿y esto?” “abra la cartera” “abra la guantera”
Haciendo malabarismos con las manos para que no me viese un trozo de papel de plata quemado y hecho una bolita, rezando para que no viese el papel de plata con la heroína quemada en un compartimiento de mi cartera, para que acabase ya de una puta vez el registro que estaba haciendo el segundo Guardia Civil. Fue un tiempo tenso de agobio que apareció de la nada, mágicamente, por una ¿casualidad?. Pasado un tiempo y después de un mal registro, ¡menos mal! seguí camino, esta vez el correcto, algo tenso y cagándome en mi puta estampa.

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Una noche cualquiera, tarde ya, las 11, salgo del poblao gitano y entro y atravieso ese barrio nuevo nacido en un tiempo record de la nada, preñado de grúas, a la salida de él pero aún dentro de él, paro, preparo el chino, pongo el montoncito de heroína en el papel de plata aplico el mechero debajo de él ese primer humo lo desprecio no sé por qué no me gusta creo que es malo, alguien que me ha visto hacerlo en alguna ocasión dice que soy gilipollas y un despilfarrador, doy la primera calada absorbo bien lo expulso doy la segunda, paro, me encuentro tranquilo disfrutando ya tenía los síntomas del mono ya empezaba a dolerme todo llevaba desde las 10 de la mañana que no había fumado y era gloria bendita para mi. Así estoy, casi en el paraíso. Miro al frente a la nada con la mirada perdida me abstraigo en mis pensamientos. En la línea de mi vista recto hacia delante se cruza en mi visión un coche que acaba de aparcar delante del mío, cruzado mal aparcado. Me fijo en él y aparece de repente alguna especie de sensación sospechosa. Enciendo el coche, meto la marcha, voy a dar marcha atrás y antes de mirar por el espejo retrovisor veo que el conductor del otro coche me hace señas de que me pare y el acompañante pone en ese mismo momento encima de la guantera del coche un objeto redondo con una luz azul que da vueltas. Una luz azul que da vueltas como las que lleva la policía en el techo de las lecheras. Me fijo mejor y veo al conductor que sale del coche y diciéndome que me pare y que aparque. Hago caso, el chino en el asiento delantero, el mechero, el turulo, todo a mi lado solo me da tiempo de echarlo al suelo. Abro la ventanilla le miro y espero a que me diga algo;
“buenas noches, documentación del coche , permiso de circulación, por favor”
No digo nada, solo; “si”
Se la doy, la revisa, me dice
“salga del coche”
Salgo, dejo la puerta abierta, mira al interior, dice
“qué, ¿fumando?”
“si”
“a ver dámelo, tráelo aquí”
Me agacho lo cojo y se lo doy
“¿tienes más?, mira que te voy a registrar, ¿tienes más?”
Algo pálido y ciertamente hasta las narices, contesto
“no”, “no tengo nada más”
Lo de siempre, lo mismo una y otra vez, guión repetido como en una película de serie B;
“pon todo lo que llevas en los bolsillos ahí”
Mientras el estupa, el secreta, un tío muy joven con el chaleco antibalas a modo de prenda de moda, apretado, de su talla, le sienta bien, le da aspecto de protagonista de serie televisiva, se siente seguro, solo hace falta que ponga los brazos en jarras y la imagen será perfecta, se pone unos guantes de látex y yo dejo todo lo que llevo en los bolsillos en el asiento del conductor. Empieza a registrarme.
“¿llevas algo más, dentro de los bolsillos?”
“no”
Me cachea hasta en los huevos ¿será marica?. Dice;
“¿solo llevas esto?”
Señalando a la tira de papel de plata con una pasta marrón oscura en el medio.
“dime la verdad porque es mejor” “¿has estado detenido alguna vez?”
“si”, “no”
Mientras ocurre todo esto su compañero no pierde el tiempo, ha estado haciendo su trabajo, revisa mis papeles de arriba abajo, llama a la central, dice mi nombre deletreando, espera contestación, me mira, otra vez los papeles. El que me ha cacheado dice;
“¡qué!, haciendo ricos a estos gitanos ¿no?”, “¿no te das cuentas que los estas haciendo ricos?”
Algo perplejo le miro, me encojo de hombros, no me sale nada en forma de contestación, solo un; “ya”
“¿es tuyo el coche?”
“claro”
Con los guantes de goma dobla el papel de plata y le pide al compañero algo para guardarlo, yo con los ojos bien abiertos pregunto
“¿se lo va a quedar?”
“pues claro”
“¡joder! No me haga esa faena, ¿por qué?”
Me mira con media e imperceptible sonrisa, dice;
“pues claro que me lo llevo”
¡joder!, ¡joder! Y ¡joder!
La cosa acaba como empezó, con mono, necesitando fumar algo para calmar el dolor de huesos, ¿y ahora qué? me pregunto en voz baja.
La cosa acabo en que ellos se fueron y yo me fui. Un poco más adelante, giré, volví sobre mis pasos entre otra vez en el poblao gitano y otra vez empecé de nuevo.


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El camello que tengo cerca de mi casa, tiene unas pintas un tanto extrañas, horteras, pasado de moda. El pelo muy largo, melena de un rubio intenso, la piel blanca, blanca, un tatuaje grande en el cuello, uno que le ocupa todo el brazo derecho, va con gorra, pantalones anchos de hiphopero, cadena colgante y todo los aditamentos que hacen de él alguien que llama la atención. No me gusta estar con él más tiempo del estrictamente necesario, aún así y todo siempre estás al albur de comerte algún marrón.
Quedo con él a las 8 de la noche en la plaza, llego en el coche, le veo, aparco mal, pero va a ser solo un momento, entra en el coche , le pido cuatro bolsitas, las saca de una bolsa pequeña de punto con una cremallera, me las da, las dejo en el reposa brazos y le digo que no tengo dinero que tengo que ir a sacar al cajero. Salimos del coche vamos al cajero que está en la calle, de esos que están en la calle y no dentro del banco. Empiezo la operación de sacar dinero y mientras estoy en ello pasa un coche de la policía por la calle que hace esquina, a unos 15 metros. El camello me dice;
“no mires, está pasando la policía, sigue haciendo lo que estás haciendo”
Miro de reojo y sigo dando botones. Saco el dinero me lo guardo y caminamos hacía donde está el coche de la policía, por ahí teníamos que pasar por cojones. A los tres pasos nos damos de bruces con los dos policías que han salido del coche y se han dirigido a nosotros. ¡Qué cojones nos verían para sospechar!, yo soy un tío normal, no destaco, absolutamente normal, el camello es más raro, pero coño no tanto para que sospechen dos policías. ¿Qué estábamos sacando dinero y ellos pensaron que me estaba atracando?, ¿qué no tenían otra cosa mejor que hacer?, ¿qué tenían que hacer que trabajaban antes de irse a casa?, cualquier cosa pensarían vete tu a saber qué cosa se les pasaría por la cabeza.
Lo de siempre repetido una y otra vez es cansino, ¡vale madre! Como dicen en los blogs mexicanos.
“¿van juntos ustedes dos?”
¡coño! Algo original esta vez. Nos miramos el camello y yo
“si”
“enseñen su documentación por favor”
Si, cierto que venía de trabajar estaba cansado y claro por supuesto con mono con ganas de fumar algo y pasar de todo. Si, cierto que me tocaron los cojones como vulgarmente se dice. Pero metí la pata. Haciéndome el gallito pregunté;
“¿se puede saber por qué piden la documentación?”, “¿hemos hecho algo sospechoso?”
“Hacemos nuestro trabajo, señor, estamos haciendo nuestro trabajo”
Repitió y me miro con cara de pocos amigos. Y yo cuando me pongo chulo pues me paso y la cago y más con la policía. No llevaba nada encima, las bolsitas estaban en el coche, nada temía. Pero el camello me miraba con ojos como platos, sumiso les decía a los policías;
“si, si lo que ustedes quieran”, “aquí tiene mi carné”
Templaba gaitas y se disculpaba me decía, mirándome, que estaban haciendo su trabajo, estaba tan cagón que me dio por pensar y a los pocos segundos vino a mi cabeza la razón de su acojone. Él llevaba la bolsita de punto con su cremallera llena de bolsitas de heroína, si la descubrían los dos íbamos de cabeza al trullo. Se me pasó por mi cabeza de chorlito todo el marronazo que pudiera pasar y ahí en ese instante me callé como un mudo, cual hermano Marx.
En medio de la calle de la plaza lleno de gente empezando a formarse corrillo ahí estábamos los cuatro . Otra vez la misma cantinela de siempre, vaciado de bolsillos, chequeo de chaquetas, toqueteos impúdicos, preguntas absurdas, contestaciones más absurdas, llamadas por el walki-tolki. ¡en fin! Que os voy a contar que no sepáis a estas alturas.
Esta vez el milagro fue el chaquetón del camello ahí estaba el cuerpo del delito, pues bien, no sé donde escondería esa bolsa de punto que por más que el policía buscó y buscó, tocó y tocó no dio con ella y gracias a eso cada uno se fue por su lado, por donde vino. Claro la bronca monumental por hacerme el gallito y a punto de haber dormido en la trena me la llevé del camello. Aún con ese leve temblor de labio superior como resto del nervio pasado del camello, me soltó toda una bronca aderezada con alguna que otra hazaña de juventud para asentar aún más su razón.

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Estoy harto, de veras, estoy cansado de todo esto de no poder ir por la calle sin nada que ocultar de que me ocurran todas estas situaciones que agobian, que agrian, que desesperan, que cansan. No puedo más. He de confesar que llevo algunas, pocas, semanas intentando poco a poco pasar de fumar, alargar el espacio entre chino y chino, es una lucha titánica conmigo mismo sé que venceré lo sé y por ahí hay alguien más que también lo sabe lo haré aunque sea por evitarme estas absurdas escenas.

domingo, 25 de febrero de 2007

¿Por qué?

A raíz de la aparición en los comentarios de este blog, sin pretenderlo, de una especie de debate, especie ya que no debate porque no sigue las reglas que lo definen, sobre la necesidad, supongo que artificial, de exponer a los ojos de los demás las opiniones particulares que se tienen acerca de las drogas , su consumo, experiencia con ellas y el mundo que las rodea, ha aparecido en mi la necesidad de dar a conocer mi opinión al respecto, entre otras cosas porque escribo acerca de ello y porque tristemente he adoptado un papel protagonista en ese mundo.

Al existir un puñado de sustancias en la naturaleza que alteran la conciencia del ser humano se ha creado todo un mundo alrededor de esas sustancias. No es solo actualmente, en este mundo del siglo XXI con el conocimiento no solo de las drogas naturales sino de esas otras que se han sintetizado en el laboratorio, aunque evidentemente salidas o creadas a partir de esas otras naturales que nacen en la tierra tal cual independientemente de la mano del hombre, sino que desde el principio de la historia se ha hablado de ellas y ha existido un fuerte debate a su alrededor. Hay muchas clasificaciones de las drogas, las dividimos de acuerdo a multitud de apartados, según su efecto, según su origen, según su legalidad, según su mecanismo de acción, según su destino dentro del organismo humano, según su precio, según su forma, color, sabor ….. Y más. No nos cansamos de dividirlas en un afán de conocerlas e incluso de llegar a dominarlas. Desde la más tierna infancia del ser humano en esta tierra, el hombre ha tratado con las drogas, las ha usado y ha creado todo un panteón de actitudes, pensamientos y ritos a su alrededor, unos más convincentes que otros, unos más usados a lo largo de la historia que otros, unos más efectivos que otros. Así ha sido a través del tiempo y en cada generación ha surgido un apartado dedicado a las drogas dentro del universo del ser humano. Y llegamos a la actualidad, a este tiempo del siglo XXI, con todo el bagaje anterior, con todo el conocimiento previo, mucho del cual se ha perdido y olvidado, pero siendo el actual también mucho.

La mente humana se siente cómoda cuando controla su medio ambiente, necesita controlarlo todo para sentirse segura y esta actitud se traslada al mundo de las drogas y es entonces cuando surge toda una galaxia de conocimiento que para manejarlo, usarlo, estudiarlo e informar a los demás se compartimentaliza, se define y se etiqueta, se hace para tener la sensación de que controlamos y dominamos a todo ese mundo de las drogas. Mucho más aún, sobre todo en la actualidad, se crean teorías acerca de su uso y de su legalidad, se vierten opiniones acerca de cualquier tema que afecte a ese mundo y surgen explicaciones muy elaboradas para, en definitiva, tranquilizar a la mente y que esta vea que todo esta en orden y bajo control.
Se llega a defender dichas teorías y conceptos hasta la paranoia, hasta el empleo de la violencia, se mata por defender la opinión que se tiene de cierta droga, de su uso, de su efecto y de su defensa o de su denostación. Se escribe sobre ellas, tratados, ensayos, formas de tomarla, poesía, novelas, ¿qué más? todo lo que usted quiera.

¿Puede haber algo más absurdo que todo esto?, al tratar de dominar el mundo de las drogas se crean todo tipo de ensayos, teorías, leyendas, ritos, etc. Tratamos de dominar su conocimiento por medio del “verbo”, es cierto que es la forma de comunicarnos que tenemos, pero no es válida para el mundo de las drogas, no hay palabras que puedan definir su efecto, uso y resultado. Y no lo hay por su naturaleza, las drogas o sustancias que entran dentro de esa categoría, pertenecen al mundo de la sensación o emoción, no al mundo de la razón.

Partiendo de lo que ya he dicho se puede, fácilmente, llegar a suponer que a través de la historia ha habido millones de personajes que han escrito sobre ellas, que las han usado y que, claro que sí, han sucumbido a su poder. De que me sirve a mi mencionar o escribir sobre todos esos personajes; “fulanito dijo esto” “menganito habló y explicó su experiencia acerca de esta droga” “el famosísimo zutanito en sus viajes vio, habló, tomó esta droga y lo explicó en este tratado” …. ¿es que yo doy la impresión en este blog de hablar sobre todo esto? ¿es que se me nota que acabo de leer este libro sobre la drogas y plagio lo que me conviene en este blog? ¿es que se ve que lo que pretendo es hacer una tesis sobre las drogas y explicarlo en este blog? ¿doy la impresión de ser un pedante hablando sobre drogas? . Es terriblemente fácil y sencillo hacer algo así, hablar de drogas citando a ciertos personajes, hablar de ellas adornándolo con citas, pasajes, historias y leyendas acerca de ellas, terriblemente fácil y sencillo ya digo, ¿y por qué?, pues porque esto de las drogas da mucho de sí y en cualquier librería o almoneda existen millares de libros acerca de ellas, solo hace falta leerse alguno o mejor aún copiar ciertos pasajes para hacernos creer que se tiene un conocimiento enciclopédico de ellas, que se tiene tal experiencia en su uso y abuso que no hay ser en la faz de la tierra que pueda llevarle la contraria.
Si, hay bastantes personajes que utilizan esta técnica, muchos desgraciadamente, y que pretenden hacernos creer lo que no son y lo que no conocen. Claro, hay personas que pueden llegar a creerse este teatro cómico o este engaño despiadado, personas inocentes por ignorantes que asombradas de la erudición del autor sucumben a sus malas artes . En este mundo llamado “blogocosa” existen tantos ejemplos que no son necesarios mencionarlos, para eso está “San Google” espejo en el que todos nos reflejamos y espejo en el que todos podemos llegar a vernos y a ver a estos personajes, hacerlo, investigarlo, merece la pena, se pasa un buen rato y se puede uno reír bastante.

Las drogas y su mundo, se puede decir taaanto de ellas, taaanto se puede escribir sobre ellas. Yo no pretendo hablar sobre drogas, primero porque no sé, segundo porque mejor que hablar sobre ellas es leer sobre ellas y tercero porque he llegado a una edad en la que todo eso ya lo hice (perdón por la pedantería), y como razón definitiva, yo no hablo de drogas yo hablo de la experiencia que tengo sobre ellas, una en concreto. Mi experiencia en la toma de otras drogas, que han sido un buen número de ellas, no la menciono, porque no viene al caso, porque cuando abrí este blog fue para algo determinado y concreto, para hablar de mi experiencia y sufrimiento con la heroína, ¿o debería decir con la dietilmorfina, sustancia descubierta en 1883 por .......?.
¿Qué significa escribir sobre la experiencia con la heroína? pues también hay millones de relatos sobre ello, de personajes muy famosos además, artistas, literatos, personajes que han dejado escrito su experiencia con esta droga en concreto para la posteridad y para que los leamos los demás y saquemos conclusiones si nuestra cabeza da para ello. Yo todos esos escritos que he leído en ninguno de ellos he visto el más mínimo ápice de comicidad o de alegría o de satisfacción, no en absoluto, todos ellos son desgarradoras historias tristes de adicción y consumo. Historias de travesías en desiertos llameantes de deseo, relatos de cadenas fuertemente atadas a la razón, de profundos pozos lúgubres de lisas y frías paredes, de llantos inconsolables, de dolor y desesperación. Unos descritos de forma bellísima y otros de manera tan real que se te trasmite el dolor a través de esas letras. No he leído ningún manuscrito, novela o poesía sobre ello que forzara la más leve sonrisa, ¿por qué? Pues porque si escribes sobre algo así, sobre esta adicción, trampa puesta por la vida, y eres sincero contigo y con el que te lee, no se puede ser capaz de engañarse a si mismo y lo que reflejas es el extremo dolor que estás padeciendo, no hay lugar para la risa ni siquiera para reírte de ti mismo, no hay lugar para el descanso.


Así es porque así se vive y padece, escribo sobre mi lucha contra la heroína, escribo relatos autocompasibles, anécdotas irrelevantes sin interés general, escribo pensamientos absurdos y patéticos, escribo peregrinos intentos de dejar la adicción que producen vergüenza ajena, escribo relatos con mala sintaxis, escribo sobre estúpidos esfuerzos por comprenderme, escribo historias ajenas que a nadie importan, escribo sobre momentos de absurda soledad bien merecida por ser incapaz de tomar ejemplo de vosotros, personas que no son adictas. Escribo sobre todo ello, son mis letras, nacidas de mis dedos y de mi mente, no doy para más, es poco, lo sé, es de lapidación merecida, lo sé, es de bofetón con ganas, lo sé, es, en definitiva, de “apaga y vamonos”. Pero a nadie obligo, es tan fácil pasar de largo, tan fácil de no abrir esta página, tan fácil de no leer nada de lo que está escrito en este blog, que quién proteste por lo que digo o juzgue lo que lee merece el doble de lo que se reserva para mi por escribir lo que escribo.
Seguiré intentando dejar mi adicción a la heroína y seguiré plasmándolo aquí en este blog, cuando llegue ese esperado momento en el que diga “si, lo he dejado, no tomo heroína desde hace….”, ese momento será cuando cierre este blog y me diga a mi mismo, “adiós estúpido ser que has perdido un tiempo precioso” y esos que se revuelven y les aparece prurito cuando leen mis letras descansarán en paz. Amén.

martes, 20 de febrero de 2007

Reflexión

¿Hasta que punto puede el ser humano llegar a despreciarse de tal forma que pueda llegar a morir, a destruirse?. Puede que llegue a ser un suicidio inconsciente. ¿puede la razón darse cuenta de lo que está ocurriendo?.
Miro a mi alrededor y veo a las personas llevar a cabo actos incomprensibles sin nada que los justifiquen o puede que con calma se puedan explicar pero a pesar de ello sin justificación. Todo el mundo tiene un punto de locura, si, bueno. La línea que separa la enfermedad de la normalidad es muy fina, una línea que separa lo que se considera normal o adecuado de lo que aparece como algo para echarse las manos a la cabeza, como algo que aparece como patología en los libros, como algo que asombra por su anormalidad, esa línea parece tan fina que a veces no se ve, tan delgada que en unos sitios puede parecer que existe mientras que en otros es inexistente. ¿Cómo es posible? ¿existe esa frontera o no existe?, ¿hay un límite entre lo normal y lo anormal?.
Voy por la calle y veo a un tío que va hablando solo en voz alta como si fuera acompañado de alguien invisible o saca su móvil y habla y habla con alguien que tampoco existe al otro lado de la línea. Veo a un adolescente que coge una espada y mata a sus padres, veo a una persona de más de 90 kilos dar un puñetazo a una chica de menos de 50 kilos, veo a un niño que grita insultos como cualquier camionero a un conductor inexperto. ¿me sorprendo? ¿me choca? Yo mismo no me reconozco en alguna ocasión que llego al límite por mi ceguera, más tarde recuerdo la escena o mi comportamiento y se produce un marasmo en mi mente; neuronas con un si luchan contra neuronas con un no, al final, muchas veces, cansado, agotado, dejo las conclusiones para otra ocasión, lo dejo sin resolver. Y llega el remordimiento, la culpabilidad, pero ¿y qué?. Angustias que se acumulan en mi pecho, problemas sin solucionar que se amontonan en mi alma, no puedo resolver este rompecabezas en que las piezas a pesar de ser conocidas y familiares no son capaces de casar entre ellas, no forman algo armónico.
Comportamientos que no comprendo, nadie comprende, impulsos que conducen a acciones sin sentido, peligrosas, asesinas, destructoras, odiosas, irracionales. Un flujo de acciones que corren desbordándose hasta el caos, me siento arrastrado al igual que esos que veo a mi lado en mis mismas condiciones, compartiendo destino. Desconocidos que me acompañan en esta locura, que nos acompañamos sin hacernos compañía.
¿Hasta que punto llega uno a despreciarse tanto que se desea la autodestrucción con ahínco y desesperadamente?. He visto a una chica de 37 años con una hija de 14 atravesar una autopista de noche, mirando al frente como si estuviera en el pasillo de su casa, la he visto destrozada por los golpes de los coches, arrastrada salvajemente. He visto a un chico de escasos 30 años acercarse a las vías del tren y cruzar intencionadamente precisamente y justo cuando un tren de acero a toda velocidad pasaba cruzándose en su camino, he visto su cabeza desnuda mostrando su cerebro. He visto a desheredados pinchándose el doble o triple de la dosis de heroína cansados, agotados de soportarse y no entenderse, he visto sus ojos perderse en sus órbitas, su boca abierta con la saliva que huye de su guarida, sus rígidos brazos, en uno de ellos la marca clavada de la muerte, su muerte. Pienso que como puede que exista un ángel de la guarda para cada uno de nosotros, así igualmente existe un ángel negro de la muerte para cada uno de nosotros también. La muerte es particular de cada uno de nosotros. Es mi muerte y es solo para mi, viene a mi y a por mi, no se descuida ni se despista con otros, yo soy su objetivo y es a mi a quien viene a saludarme y a conducirme allí, aquel lugar que nadie conoce aún.

Todo esto lo digo porque a pesar de saber que no es bueno lo que hago, a pesar de saber que es muerte, de saber que es destrucción y dolor, sigo y sigo, hay algo que dice;
-”no pares, qué más da, sigue”-
-”ya pronto llegará la meta, más, más”-
En el poblao, tres filas de casas adosadas, granates, la mayoría derribadas, dos calles paralelas y cuatro perpenticulares, pequeñas colinas de basura podrida rodea al conjunto de casas en algunas zonas, dos, tres contenedores llenos de más basura, hierros oxidados de obras abandonadas, barro, mucho barro. No hay aceras, en su lugar hay chabolos, entre las ruinas de dos casas un chabolo protegido por los cascotes y ladrillos de lo que fuera una casa. No hay farolas, no hay luz. La luz huye, escapa de las tinieblas haciendo que no puedas ver pero si ser visto. Aquí, entre ratas, basura y ruinas es donde puedes ver a esas personas que han dejado de serlo, es el hábitat de personajes que han abandonado toda esperanza de ser o de vivir. Son jóvenes, la mayoría, su piel no es blanca es gris, negra como mulatos, es suciedad de no lavarse por frío y porque no hay agua ni jabón, sus manos son ásperas y coráceas, duras de callos, el pelo es una mata de mechones pegajosos, las ropas no tienen color de lo desgastadas y rotas que están, caminan encorvados con las manos en los bolsillos, temblando y si te los cruzas te piden un cigarrillo o alguna moneda. Viven entre la basura y los ladrillos, juntan varios plásticos y mantas y se hacen un agujero donde se acuestan acurrucados a pasar las horas o a fumar “los chinos”. Su función, entre otras, es llevar los clientes a los chabolos de los gitanos a cambio de una “puntita” de heroína o de base de coca, su función es poner orden entre la clientela en la puerta de la casa de la gitana que les da su mínima dosis diaria, a las seis y media de la madrugada o a las doce de la noche. Hacen pequeños trabajos para sus amos; los gitanos, como buscar y traer leña, colocar Uralita en el techo de sus chabolos, hacer un brasero de metal con un bidón de gasolina, barrer la entrada de la casa, tirar la basura de la gitana en el medio del campo, ser martirizado por los chiquillos del poblao, ser mordido por los perros azuzados por los gitanos más mayores … Alguno muere allí mismo, no de repente, no, poco a poco va muriendo, enfermo de neumonía o de endocarditis, con fiebre contínua y yendo a buscar su dosis, día tras día, llueva o haga frío, cada vez más encorvado, más agotado, cada vez más anonadado por la suerte que le ha tocado vivir y así día tras día se agota hasta que una noche o una madrugada pinchándose la que sea su última dosis de veneno, muere, casi sin darse cuenta, sin oír la sirena de la ambulancia que sus “compañeros” han llamado pero tarde. Más tarde, al día siguiente será recordado para aseverar que ya estaba mal, que venía estando mal hacía ya un tiempo, para confirmar la causa de su muerte;
-”estaba mal del corazón”-
-”no, no creo que haya sido la heroína mala”-
Son jóvenes pero todos parecen mucho más mayores, con arrugas prematuras y los ojos hundidos dentro de sus ojeras, todos son mucho más mayores de lo que realmente son, sobre todo las chicas, de 21 y 26 años parecen casi del final de los 30. ¿Y qué hace que la persona humana se destruya hasta este punto?. Ya no hay nada que importe ni siquiera la misma muerte. Todos están cubiertos de un halo de valor hacia lo inevitable, ya nada hay que los pare, son como los “kamikaces” de la segunda guerra mundial, llenos de valor y orgullo, conocedores de una meta que cumplir; La Muerte.

¿Hasta que punto puede llegar el ser humano en su afán de destrucción que incluso le sirva su propia vida? Puede que incluso ese que diga que a él no le pasará, le pase. Puede que de alguna otra manera, puede que no reconozca su propia autodestrucción, puede que ni siquiera quiera darse cuenta. Puede que incluso el que diga que está preparado para luchar contra este mal, esté a punto de caer en las tierras movedizas que le atraparan sin posibilidad de salir de ellas, como esos que yo he visto, como yo mismo.

NOTA: Y después muestran en la TV ¿a quien se lo enseñaran? Personajes irreconocibles como drogadictos, adictos. Personas recién salidas de la ópera, de la oficina, bien vestidas y en decorados sórdidos y sucios, ¿qué quieren decir? ¿a quien se lo quieren decir?. No para de engañarse a si mismo el ser humano, cada vez que se cree más racional, más se engaña. ¡Bah! Olvida esto.

lunes, 12 de febrero de 2007

Aniversario

Fiesta, concierto, más fiesta, salida nocturna, club de moda y living la vida.
Gente guapa, famosos, mucho dinero, ocio, gente exclusiva y de marca. ¿Donde? en Los Angeles, en LA, más concretamente en Hollywood bulevar, Santa Mónica y alrededores...
La vida es ocio y dinero, la vida muelle, el "dolce far niente", la vida es ojos en blanco, mente vacía, nariz ocupada, bolsillo lleno, la vida es una tarjeta oro de "American Express", la vida es el sueño americano, la vida es que te vean y no ver o quizás mirar pero poco y sin que se note, la noche es para epatar, ir de fiesta, conocer y ser conocido, dejarse fotografiar, salir al lado de "aquel" o de "ese", esta permitido desfasar pero sin mal gusto, desfasar con glamour, sin estridencias, brillantemente, de manera original, que se note que no se es corriente ni vulgar (el Sr.”Nada Importa”sabe de lo que hablo).
Recordar; no se es nadie si no se sale en las fotos de la fiesta, del concierto, de la reunión, hay que ir a la "Bar-b-q" , dispuesto para cualquier originalidad a cualquier hora, cualquier día, hay tiempo, se tiene tiempo .....
Esto es"The Cobra Snake Club", lo más in, fashion, lo más de lo más, en LA (Hollywood). el club de la gente guapa, el club donde celebro los dos años de estúpidos escritos, dos años de vómitos de letras indigestas, dos años de blog Heroína, esta es vuestra invitación, mi invitación. Venid, venid hijos de la ira, lectores de finde semana, escritores de pluma al viento. No faltéis o no se os tendrá en cuenta.....



... "primun inter pares", pieza codiciada de los "cool hunters". Ella tiene clase, lo tiene todo. Pero mira no es guapa y por el contrario nada tiene especial, solo se sabe que ella es la reina,15 años tiene la reina, se llama Cory Kenedy.



Dos años son setecientos treinta días y ciento noventaicinco artículos, muchas horas, antes 
llenas de recuerdos ahora todos ellos abandonados en la virtualidad del blog. No existe 
parecido entre lo vivido y lo escrito o lo contado, no se ven las marcas que se adquieren en la lucha cotidiana, quedan ocultas en el profundo pozo de la memoria. La superficie es lisa y brillante sin arrúgas, ¿acaso no es para estar cansado?, no sé, emborrachémonos y después ya veremos.

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