OM TARE TUTARE TURE SOHA

martes, 18 de abril de 2006

Epopeya sobre el hábito

Qué difícil es saber dirigir las emociones, qué difícil es domar los sentimientos, qué complicado es mantener un equilibrio entre el deseo que surge espontáneamente, casi sin venir a cuento, casi sin saber por qué se tiene y la obligación, pesada, la obligación que te dice que debe ser así, obligación contraria a ese deseo, que no se sabe de donde puede nacer, pero que obliga, casi siempre obligación contraria al deseo.
Cuanto dolor nace en las entrañas si quiero modificar algo dentro de mi. Qué angustia tan intensa me inflama si pretendo acabar con un simple, e incluso pequeño, aferramiento.
Qué ratos de dolor desasosegante paso para romper ese círculo que me ata al deseo. Días, días vomitando dolor para acabar con ello.
Se me viene a la cabeza esa forma de ser tan poderosa tan fuerte, la forma de ser de la naturaleza humana, que se manifiesta en todo su esplendor en cuanto pretendo modificar cualquier pequeño detalle de mi carácter.

He visto y veo, todos los días, a todas las horas, esas luchas tan intensas, en los demás, esas derrotas tan frustrantes, esas caídas de espíritus aparentemente fuertes que luchan a brazo partido dando ejemplo, y en segundos aparecen tendidos, como pingajos, como peleles, llorando desconsoladamente en el campo de batalla de la vida del día a día. Arrastrados por el fango de la vergüenza de no poder con ello, con el aferramiento, con el deseo.
No importa de lo que se trate, puede no ser nada especial lo elegido para arrojarlo de mi lado, puede ser cualquier cosa, grande o pequeña, importante o no, no es eso el protagonista, lo que uno quiere eliminar, el protagonista es la decisión de acabar con ello.

No tengo más que mirar a izquierda o derecha para ver cuerpos tendidos, agotados, cadáveres en muchas ocasiones, esparcidos a lo largo del camino por donde día tras día paso, por donde circulo hacía la meta obligada de la vida; el vivirla y el terminarla. No es necesario ningún acto heroico especial para andar por la vida y darse cuenta de tanta lucha sin cuartel, que rodea el paisaje por donde caminamos. Personas como yo, personas que no tienen una característica especial que las destaque de las demás. Al fin y al cabo la vida es eso, algo corriente que de tanto usar no llama la atención. La vida es esas personas absortas en su lucha contra deseos no deseados, obligaciones no queridas, equilibrios imposibles entre "esto debo, esto quiero".
Al fin y al cabo, me veo reflejado en esos miles de espejos que pasan a mi lado, y no distingo en ellos marcas o signos diferentes, como ya he dicho, a los que a mi mismo me definen, y me marcan, y me conforman y hasta me cansan y me hastían, por formar parte intrínseca de mi, de mi ser, por llevarlos grabados a fuego en mi.

Qué tremendamente doloroso, hasta sádico y difícil, es ver y reconocer y distinguir mis marcas y estigmas logrados por la rutina y el hábito de simplemente y nada más que vivir. Me creo que soy así y me creo que debo hacer esto y me lo repito y me monto una tesis y todo un discurso, filosófico y existencial, solo para decirme que si, que soy así, que soy yo.... y que qué difícil e imposible es ser o hacer “lo otro”, lo que no es yo, lo que yo no soy, lo que es diferente a mi, lo que me es extraño, lo que yo no reconocozco como mio. Monto todo un magnífico y espectacular escenario donde me muevo como único protagonista de mis delirios, estúpidos e inservibles delirios. Y todo esto, toda esta obra teatral magnífica, la mimo, la alimento, la cuido.... como si me llevara la vida en ello, represento tan bien mi papel de "yo".

Y me miro y me digo, Hey “muchacho, aparta tus dudas, no serás tan raro o estarás tan equivocado, si todo esto es igual a lo que veo en los demás”….y me siento que formo parte de un todo armónico en que lo que predomina es la lucha contra uno mismo por ser de una forma o por lograr ese deseo perseguido o por conseguir ese pensamiento aparentemente salvador. Y me miro y me digo, que en todo este quehacer queda confirmada toda mi teoría de yo soy así y qué demomonios que soy así, cómo soy, de estúpido e ignorante que soy. Y todo el mundo y toda la vida es monótona e igual y sigue al píe de la letra esta lucha por ello y batallas, miles de batallas casi siempre perdidas insistiendo en "yo soy así".

Qué dolor, qué cansancio, qué hartazgo, mis lamentaciones y llantos, tristezas y quejas, mis manos juntas alzadas hacia las estrellas en petición de salvación, pidiendo que siga siendo un absurdo ser que solo pretende satisfacer simples deseos de ignorante. Suplicándo ser "yo mismo", mendigando ser como soy, arrebatado por mi extremo deseo de querer "ser así"....Hey, "¿qué malo puede ser?, si solo soy yo, si no hago cosas diferentes a lo que veo". Ruido de fondo en mi cerebro, permamente, de ser y seguir siendo yo, rumor de agua corriente en mi mente hablándome de "soy así".

Se acabo, terminó, fin de trayecto, "estación termino". "sin salida", hasta aquí llegué, ni un paso más, pues al fin y al cabo se sabe que nada es permamente. Y yo lo sé con todo mi ser. Nada permanece, todo acaba...."yo" también. No dejaré ninguna rendija sin cubrir, no permitiré una salvedad, a pesar de batalla trás batalla, a pesar de lucha sin cuartel por ser "yo"......dejaré de ser "yo". Mi hábito no será más, mi hábito acabará en el saco de la basura, mi epopeya por ser yo ya es un recuerdo amargo de ignorancia estúpida que ya pasó. Ya no haré más el hábito que me marco la forma de ser y de mostrarme al mundo. Vomitaré sangre, caminaré tambaleándome, mareado me apoyaré en los arbustos del camino, el cielo se me vendrá encima, pero mi hábito dejará de ser y se convertirá en recuerdo y cicatriz. Mi hábito no conformará mi ser. Ahora seré otra cosa, otro "yo", porque me faltará "mi hábito". No, que nadie se empeñe en decir que sigo siendo yo, ya no lo soy, porque he dejado de ser yo, porque he dejado mi hábito.
Y me rio a carcajadas de esos ilusos que creen que no es posible, y me compadezco de esos cadaveres que luchan aún a pesar de estar muertos por ser "ellos". Yo no seré más mi hábito, porque lo deje en el camino, porque lo perdí en una revuelta de la subida, de la ascensión hacía la cima de la victoria sobre mi mismo. Porque no hay lucha más poderosa y noble que la que uno desempeña contra si mismo, porque es la lucha por el descubrimiento de la vacuidad, por el descubrimiento de la inexistencia del querer ser "uno mismo". La marca de la casa ha desaparecido, ese "yo" por el que se da la misma vida, ya no es, no es nada, no hay nada en su lugar. El hábito era un espejismo, el "yo" era una falacia. El poderoso engaño de la mente ha sido vencido y es, ahora, un giñapo, pelele, abandonado y tirado en medio de la victoriosa subida hacía esa "nada vacía" que es el resplandor y el calor de la auténtica y simple existencia.
El "ser" ya es lo que es; "vacio".

domingo, 9 de abril de 2006

El cambio

Lo tenía decidido ya hace un tiempo, pero siempre lo dejaba para después. Es curioso pero las cosas más importantes de la vida siempre las dejo para después. Algo hay que me impide hacerlo en el momento que lo pienso. Me canso de oír esos refranes que te avisan para que hagas las cosas cuanto antes, como “al que madruga Dios le ayuda”…..bueno ya sé que siempre hay un contrarefran, en este caso “no por mucho madrugar se amanece antes”. Lo que digo es que hay algo que me echa hacia atrás cuando tengo que hacer algo , cuando hay algo urgente, necesario que lo haga ¡ya!, pero ¡ya!, pues, remoloneo, lo pienso, miro al techo, me siento, cojo un cigarrillo, pongo mi mano en mi cara, alzo la vista...cuando no directamente hago otra cosa que generalmente me ocupa varios días. Eso es lo que quiero decir, que me cuesta hacer las cosas, sobre todo las importantes.

Esto que me he propuesto ya hace días, es algo sumamente importante para mi, es algo tan importante como terminar con un hábito. Y quitar un hábito cuesta mucho. Para sustituir un acto rutinario por otra cosa, por algo diferente, es necesario valor, y fuerza. Es terminar de hacer esa acción que se ha convertido en algo físico, que me pertenece como algo físico, como un brazo o algo así. Finiquitar mi deseo. Como si me cortaran ese brazo, como si dejara por el camino parte de mi ser. Esto es acabar con un hábito.
Todos los días, practico la rutina, cuando me levanto por la mañana, apago el despertador, me lavo y desayuno. Pues bien, a partir de hoy, de ¡ya!, sin remolonear, cuando me levante no apagaré el despertador y saldré directamente a la calle. No desayuno, no lavarse, no cigarrillo..nada, cambiar mi hábito, hacer algo diferente, distinto. Esto es muy difícil, se necesita alegría y convencimiento. Y pues esto que digo y más mucho más, es lo que llevo pensando hace días. Acabar con ese hábito que me convierte en Jonky, jonky light, suave, coooool, pero, al fin y al cabo, jonky. Parte de lo que me queda de jonky, terminar y darle el bote, parte de mi ser.
Jody, prepárate que voy con el serrucho a cortarte el brazo”…
Hummm…por cierto ¿que brazo te corto?”….si, algo así…de fuerte y determinante.

Quiero acabar con mi hábito y llevo varios días pensándolo, buscando una oportunidad para hacerlo. Y bien, ya llegó, ya está aquí. Hey "¿estoy dispuesto, preparado?", ¡¡joder!!, “Tengo que estarlo”.

No puedo dejar más tiempo todo lo negativo y malo que me llega por esa rendija, ese hueco que lleva abierto tanto tiempo. Entra en mi una corriente de aire gélido que congela todo mi espíritu. No, aquí está el fin, sino y es verdad, grandes desgracias se abatirán sobre mi, haciendo que pierda no la batalla sino la guerra entera. Solo quedaría la rendición y además sin condiciones, rendición total sin prisioneros, con todo lo que eso significa….la muerte física, antes la mental y espiritual, la muerte del alma antes, más tarde la física, aunque no mucho más tarde. Tengo la ocasión de abandonar este hábito, ¿lo haré?…si lo haré, no me cabe la menor duda.
Ahora bien, seré otro, seré otra persona, mi vista, mi intención se modificará y apuntará en otra dirección. Debo estar dispuesto a cambiar, aunque ya sé que estoy cómodo como estoy, al fin y al cabo, soy yo, yo mismo….¡¡y eso es tan difícil de cambiar!!. Pero es necesario hacerlo, no queda otra.

Pienso en ¿cómo seré después?, ¿cómo veré el mundo?, ¿cómo se me mostrará la vida?, ¿que ojos tendré?. Un poco de miedo me da. No hay vuelta atrás, como en otras ocasiones, que no ha habido vuelta atrás, pero esta vez está elegida por mi, yo elijo el que no haya vuelta atrás. Ser otra persona. Está decidido. No creo que me queden más oportunidades.
Seré otra persona, mataré al hábito, me arriesgaré a no ser yo. En definitiva tendré que morir, para volver a renacer. Es el mito eterno, es la oportunidad que nos concede la vida, es entrar por la puerta que te abren. Ahí voy yo….¡¡suerte!!

viernes, 7 de abril de 2006

Confesiones

En la vida te pasan cosas curiosas, a veces piensas que debes escribirlas para algún día leerlas y recordarlas, la memoria es, a veces, bastante frágil y nos juega malas pasadas. A lo largo de la vida de una persona van pasando situaciones, cosas, que se parecen a las estaciones de ferrocarril. Sabemos que las estaciones de tren son de muchas y variadas formas, modernas, antiguas, solitarias, concurridas, grandes, pequeñas.....de muchas formas. La situaciones que nos plantea la vida son algo así, son como diferentes estaciones de ferrocarril, cada una con sus características, sus peculiaridades. Y todo ello tiene la capacidad de recordarse, pero muchas veces se olvida. Por lo tanto pensé que todas esas situaciones que se viven podrían escribirse, para recordarlas algún día gris, aburrido, triste o que debiera guardar cama por cualquier motivo.
Y empecé a escribir, no me acuerdo bien cuando fue, desde luego hace ya muchos años, muchos si, la verdad, me asústo pensar en cuantos. Escribía y escribo aún sobre esos sentimientos-emociones, recuerdos, cosas que te pasan. Escribía y escribo aún para reflejar estados de ánimo. Me sorprendo a mi mismo leyendo esas cosas en esos días tristes que he mencionado. Llega a ser una costumbre, que no importa cultivar y llegas a llevar contigo un pequeño cuadernillo y un lápiz o boli, a veces pluma, y así vas por la vida, viajando o haciendo cualquier cosa, que quedan reflejadas en esas páginas con cuadraditos pequeños, letras que pueden ser legibles o ilegibles, nerviosas o calmadas, artísticas o de carretero fumador. Historias, leyendas, pensamientos, incluso conversaciones, todas ellas quedan reflejadas en esos cuadernitos.
Cuando decidí escribir aquí, en Internet, no fue extraño para mi el hacerlo, no me sentí raro haciéndolo en la computadora, era algo que ya venía haciendo largo tiempo atrás y no lo extrañé. Empecé por la necesidad de contar una situación mía muy conflictiva, muy penosa, tremendamente culpabilizadora. Me dije, “Bien, escribiré toda esta basura a modo de catarsis, puede que saque algo en claro y me entienda, un poco, solo un poco” Y así fue como empecé a contar tristes historias, crudas realidades, pecados que me pesaban mucho. Es cierto que son muchas más cosas las que me han ocurrido de las que he reflejado aquí, a veces, más fuertes y crudas aún. Al fin y al cabo lo reflejado en este diario son historias light, me da vergüenza contar algunas que parecieran que son inventadas o increíbles, aunque verdaderas lo son, vaya si lo son.
Ser un Jonky tiene su peligro, puedes palmarla antes o después, pero tienes muchas papeletas para morir. Como esto yo lo sabía y lo había visto y vivido en innumerables ocasiones, decidí hacer algo. Lo que se me ocurrió fue dejar de ser jonky, vamos, dejar de meterme heroína en los pulmones. Aparte de que es muy caro y me he arruinado en varias ocasiones, ya digo, para la salud es totalmente cancerígeno y radiactivo. Luego aquí empecé mi historia, en los últimos coletazos de mi biografia de jonky y en los primeros de la de exjonky, pero....... pero es tremendamente difícil dejar de serlo. En algunos escritos de este blog lo he dejado plasmado, lo increíblemente duro y difícil que es dejar de ser jonky. Algo he conseguido, si, desde luego, pero del todo no ha sido posible. Ciertamente es duro confesarlo, pero no soy una persona normal totalmente, aún.
Esto viene a que esas historias que me han ocurrido y que he dejado escritas aquí, ya no quiero que me sigan ocurriendo, ni contarlo, por eso digo que algo he logrado y ha sido separarme de toda esa sordidez de la vida y de las cúitas de un jonky. Ahora son otras las historias, ahora son mis intentos desesperados de olvidarme de tomar heroína a todas horas y esas historias son aburridas y están llenas de reflexiones pseudofilosóficas, que yo sé que son aburridas, hasta para mi lo son. Ahora es una lucha contra mi mismo, contra mi falta de voluntad, contra mi deseo insaciable. Y todo esto me cuesta un Potosí, me cuesta mucho y siempre ando tratando de buscar sustento racional o filosófico a estos intentos. Si, mis historias, ahora, son de otra clase, de otra forma, es por este cambio que he experimentado desde que me propuse dejar la heroína. Después de mi desintoxicación, que me costo media vida, ahora ando metido en una lucha sorda contra mis ganas y mis deseos. Batalla tras batalla, día tras día, ando perdiéndolas. No gano ni una, hasta ahora. No sé que será mañana, trato de que sea diferente, pero cada batalla me debilita y cada vez me encuentro más flojo y más lejos de esa meta, que se me antoja inalcanzable. Pero no, no creo que me rinda, por lo menos hasta que no tenga claro lo que se debe hacer en esta vida, para no sufrir tanto.

lunes, 3 de abril de 2006

Recuerdo y dolor

Leo cosas acerca de la muerte, leo cosas que hablan de gente que ha muerto, gente querida por otros y que ha muerto. Leo lo que escriben, como dejan escritos esos sentimientos tan profundos, los dejan ahí, en mi pantalla del ordenador. Tan bien expresados, tan comedidos, tan angustiados …….No puedo por menos de apartar un momento la vista de la pantalla, mirar a la nada y dejar que se me presenten a mi esos mismos sentimientos, que me acuerde cuando yo los tuve. Me empapo de sentimientos olvidados, dolorosos y así sin más, brotan muchas lágrimas de mis ojos, no me dejan ver, lo veo borroso. Paro y me limpio las lágrimas, me escuecen las mejillas por esa sal que brota de mi. Respiro. Y vuelvo la vista otra vez a esos escritos que hablan de muerte, de personas que fueron, de personas que tuvieron a gente que las quería. No me cabe más angustia en mi pecho y tengo que parar.
Ahora pienso, espero que la angustia vaya resbalando por mi cabeza hacía los píes. Ya está, estoy mejor ahora. Ya puedo hablar y pensar acerca de ello.

Llevo unos días que pienso, bueno me viene a la cabeza así de repente, que todo en esta vida no tiene un sentido fijo, un sentido de permanencia, que yo me lo tomo como algo que pasará toda la eternidad, parece que no me quiero acordar de que en algún preciso instante habrá un momento que tenga que enfrentarme a todo eso. A la realidad de mirar cara a cara a la muerte, que me tocará pasar todo eso de lo que hablamos los demás cuando vemos a alguien en ese trance y después, una vez que ya no sabemos donde están, pero que evidentemente tendrán que estar en alguna parte, porque eso si, siempre se sabe que algo más tiene que haber…¿no llega la luz a todos los rincones de este mundo?, la luz siempre vence, en lugares donde no hay luz como en el fondo del océano, que parece que no llega, pues bien, si hay luz, los propios seres que viven en esas profundas oscuridades forman ellos mismos la luz, es increíble pero si, la luz llega a todos los rincones de este mundo. Luego no hay un final, hay una continuidad, pero es un trago muy fuerte, muy especial. Esos seres que recordamos y que ya no están aquí, con nosotros. Esos seres a los que dedicamos nuestros más encendidos sentimientos, algún día, yo, tendré que estar de su lado, me tendré que ver así. ¿Dónde queda todo esa seguridad de la que me hago dueño ahora, ese pensar en la eternidad. No, no es así, todo acaba y todo será de otra forma.

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